domingo, 13 de abril de 2014

A mi abuela.

Y la vida se agotaba
lentamente frente a nuestros ojos,
y nos preguntábamos, sin certeza,
si había algo en ella que extrañaríamos.

Teníamos todos penas en el alma
y momentos felices que apenas y notábamos,
soplaba el viento, y con el venía,
furibundo, fantasmagórico, el polvo de los años.

Y de aquella vida se nos hizo certeza
que entre las redes de los sueños
podíamos atrapar aquella felicidad perdida;
y fue por esa vía
que condujimos todos nuestros anhelos,
seguros todos de lo que se iba
y de lo que nunca más haría acto de presencia.

Trasnochamos surcando entre los recuerdos,
y amanecimos celebrando con una lágrima,
pero también con una sonrisa, llenos de alegría,
agradeciendo todos, lo que fue aquella, tu vida.