Y la vida se agotaba
lentamente frente a nuestros ojos,
y nos preguntábamos, sin certeza,
si había algo en ella que extrañaríamos.
Teníamos todos penas en el alma
y momentos felices que apenas y notábamos,
soplaba el viento, y con el venía,
furibundo, fantasmagórico, el polvo de los años.
Y de aquella vida se nos hizo certeza
que entre las redes de los sueños
podíamos atrapar aquella felicidad perdida;
y fue por esa vía
que condujimos todos nuestros anhelos,
seguros todos de lo que se iba
y de lo que nunca más haría acto de presencia.
Trasnochamos surcando entre los recuerdos,
y amanecimos celebrando con una lágrima,
pero también con una sonrisa, llenos de alegría,
agradeciendo todos, lo que fue aquella, tu vida.